El Espíritu Santo: persona y obra

El Espíritu Santo es una de las Personas de la Trinidad,[1] y ha sido objeto de mucho estudio.[2] En el adventismo,[3] aún hay un sector que continúa considerando que el Espíritu no es una persona divina, sino sería una fuerza o influencia del Padre.[4] Por ello, es menester reconocer qué dice la Escritura acerca del Espíritu Santo. ¿Es una persona? ¿Es un ser divino? ¿Cuál es su obra en cada uno de nosotros?

I. La persona del Espíritu Santo

El Espíritu Santo en el Antiguo Testamento

En el AT, el Espíritu Santo aparece bajo los títulos “El Espíritu de Dios”, “El Espíritu de Jehová” (o del “Señor”, según la versión), y se lo presenta como una Persona divina, no como una fuerza.

(1) Como Ser Divino

  1. Si bien es cierto en el AT la Trinidad es implícita, hay textos que presentan a tres Personas divinas, y entre ellas está el Espíritu Santo. Por ejemplo, ver Isaías 42:1; 48:16; 63:8-10.
  2. El Espíritu estuvo en la creación (Gén 1:2).[5] En Job 33:4 y Salmo 104:30, se declara que el mismo Espíritu es el Creador.

(2) Como Persona

  1. El Espíritu es dinámico, organizado y planificado. Esto es evidente en su labor en la creación, donde se lo presenta como una de las Personas de la Trinidad (Gn 1:2).
  2. Él era el juez de Israel (Juec 3:10); y por supuesto, para juzgar, se necesita inteligencia y reflexión.
  3. Cuando alguien pecaba, Él se apartaba, porque respetaba la libertad de cada ser humano (1 Sam 16:14).
  4. Él acostumbraba guiar e instruir a sus hijos, así como lo hace un padre o un maestro (1 Rey 18:12; Neh 9:20; Sal 143:10).
  5. Como Persona, Él habla (1 Rey 22:24) y exhorta (Neh 9:30). Para hacer ambas acciones, se necesita reflexión y sabiduría.
  6. Existieron personas, en la antigüedad, que se rebelaron contra Él (Sal 106:33:).

En el AT, al Espíritu Santo se lo presenta como una de las Personas de la Trinidad. Él es Creador, Maestro, Juez y Guía.

El Espíritu Santo en el Nuevo Testamento

En el NT, el Espíritu aparece bajo los títulos: “El Espíritu Santo”, “El Espíritu de Cristo”[6] (o del “Señor”, según la versión), el “Consolador”, y todo parece indicar que el pensamiento del AT sobre el mismo Espíritu, influyó en la comprensión de los profetas del NT.

(1) Como Ser Divino

  1. Es una de las Personas de la Trinidad (Mt 28:19; 1 Co 13:14).
  2. De acuerdo al paralelismo de Hechos 5:3-4, al Espíritu se lo identifica como Dios.
  3. Cristo señaló que el Espíritu iba a ser —en naturaleza—otro igual a Él (Jn 14:16).
  4. Conoce todo del Padre (1 Co 2:10).
  5. Escudriña los corazones (Ro 8:27), que implica conocer todo del hombre interior (ideas, sentimientos, etc.).
  6. Santifica a los creyentes (Ro 15:16).

(2) Como Persona

  1. Uno de los títulos que recibe, es “el Consolador”, que básicamente significa “guía” o “maestro” (Jn 14:16; 15:26).[7]
  2. Da testimonio de Cristo (Jn 15:26; 1 Jn 5:6).
  3. Tiene la capacidad de hablar y oír (Jn 16:13; Hch 8:29; 1 Ti 4:1; Heb 3:7).
  4. Instruye a sus hijos (Hch 1:2) y los guía (Jn 16:13; Gá 5:18).
  5. Hubo personas que trataron de mentir al Espíritu (Hch 5:3-4) y lo entristecieron (Ef 4:30).
  6. Ayuda en la debilidad e intercede por los santos (Ro 8:26-27).
  7. Tiene comunión con sus hijos, que implica diálogo entre Él y el creyente (1 Co 13:14).
  8. Convence de pecado (Jn 16:8).

El Espíritu Santo, según el NT, es una de las personas de la Trinidad. A Él se lo presenta como Maestro, Guía, Líder misionero e Intercesor. Él es una persona divina, y no es una fuerza o energía. Él habla, instruye, se entristece, organiza, etc. Como tal, no se siente bien cuando alguien peca contra Él.

II. La obra del Espíritu Santo

La Escritura presenta las acciones del Espíritu Santo, a favor del ser humano y de su Iglesia. Estas acciones, principalmente, tienen que ver con la evangelización de los seres humanos y la consagración de los santos.

(1) En el crecimiento espiritual

  1. El Espíritu Santo es quien conoce los misterios de Dios, y nos ayuda a conocerlo y relacionarnos mejor con Él (1 Co 2:10). Él nos da seguridad de salvación.
  2. Él es quien nos guía a toda verdad, y testifica sobre Cristo y sus acciones redentoras (Jn 15:26; 16:13; Ro. 8:14, 26).
  3. Continuamente, Él nos da la ayuda necesaria para hacer la voluntad de Dios (Sal 143:10).

(2) Impartiendo los dones espirituales

  1. El Espíritu Santo imparte sus dones con un doble propósito: (1) que los santos crezcan espiritualmente y (2) diariamente se cumpla la misión (Ef 4:11-12).
  2. Por medio de estos dones, el creyente cumple un papel activo y relevante en el plan salvífico de Dios (1 Pedro 4:10).
  3. El creyente, al usar estos dones, llegará a tener una relación más íntima con el Espíritu Santo.

(3) Otorgando el don de profecía

  1. Uno de los dones espirituales es el “don de profecía”, el cual lo otorga el Espíritu y solo lo reciben los profetas (1 Sam 10:10; Ap 19:10; 22:9; 1 Cor 12:10).
  2. Este don se encarga en comunicar los misterios de Dios y su voluntad. A esto se le conoce, teológicamente, como “Revelación” (Ro 16:25; Ef 1:17; Ap 1:1).
  3. Además de la Revelación, el Espíritu Santo también inspira al profeta, con el objetivo de entender y comunicar lo revelado a la Iglesia. “Revelación” e “Inspiración” van de la “mano” (2 Ti 3:16; 2 Ped 1:21).

(4) Ayudando en la comprensión de la Escritura

  1. El Consolador, además de “Revelar” e “Inspirar”, ilumina al creyente para entender lo revelado (Ef 1:17; 1 Cor 12:8).
  2. La misma persona que inspiró al profeta, nos da la capacidad de entender los misterios de Dios (1 Cor 2:12).
  3. Como la Biblia tiene como Autor a Dios mismo, es necesario que el Espíritu nos ayude a entender su Palabra. Si esto no sucede, terminaremos creyendo y practicando lo que Dios no desea (Jn 14:26; 1 Cor 2:14; Ef 3:18).

(5) Cumpliendo la misión evangélica

  1. La misión es del Espíritu Santo. Nosotros solo somos sus instrumentos (Hch 8:29-30; 1:8).
  2. Una de las acciones principales del Espíritu, es la de guiar a los seres humanos a los pies de Cristo (Jn 15:26).
  3. Puesto que el Único que puede salvar al ser humano es Dios, necesitamos de la guía del Espíritu Santo para cumplir la misión redentora. De lo contrario, solo estaríamos impartiendo “ética”; pero, no “evangelio” (Ro 1:16-17; Ap 14:6).

(6) Ayudando en los eventos finales

  1. El Espíritu Santo nos acompañará en la crisis final, más aun en la caída de las siete plagas y la gran tribulación, y lo hará por medio del “Sello de Dios” (Ef 4:30; cf. Ap 7:3; 9:4; 16:2).
  2. Él descenderá con mayor ímpetu en la “lluvia tardía”, y nos dirigirá para dar el “fuerte pregón” a todo el mundo. Por Él, el “evangelio” llegará a todo el mundo (Ap 18:4; cf. Mt 24:14).
  3. Él nos ayuda a entender las profecías de Daniel y Apocalipsis, con el objetivo de reconocer la verdad y vivir en ella (Ap 2:11).

El Espíritu Santo obra diariamente en el corazón de cada ser humano, ya sea creyente o no creyente. Su objetivo principal es salvar y, para ello, realiza una serie de acciones con el fin de revelar su preocupación por toda la humanidad.

Conclusión

El Espíritu Santo no es una fuerza, sino una de las Personas de la Trinidad. Él es Creador, Maestro, Juez, Guía, Misionero e Intercesor. Esta verdad es explícita en la Escritura.

Como representante de Cristo, el Espíritu tiene como único propósito guiar a los seres humanos a Jesucristo, el Redentor. Y, para ello, realiza una serie de acciones, obras, para captar la atención del ser humano y guiarlo a la salvación. Como creyentes, somos llamados a relacionarnos con el Espíritu Santo diariamente.


Referencias:

[1]Para un mayor estudio sobre la Trinidad, ver, Woodrow W. Whidden, Jerry Moon y John Reeve, The Trinity: Understanding God’s Love, His Plan of Salvation, and Christian Relationships (Hagerstown, MD: Review and Herald, 2002); Fernando Canale, “Doctrine of God”, en Handbook of Seventh-day Adventist Theology, ed. Raoul Dederen (Hagerstown, MD: Review and Herald), 105-159; Norman R. Gulley, Systematic Theology: God as Trinity, vol. 2 (Berrien Spring, MI: Andrews University Press, 2011); Ibíd., “Trinity in the Old Testament”, Journal of the Adventist Theological Society 17/1 (2006): 80-97, en adelante JATS; Jiří Moskala, “Toward Trinitarian Thinking in the Hebrew Scripture”, JATS 21:1-2 (2010): 245-275; Ibíd., “The Old Testament Trinitarian Thinking and the Qur’an: Dialoguing with Muslims”, Journal of Adventist Mission Studies 8/2 (2012): 4-27; Daniel Bediako, God in 3 Persons — in the Old Testament (Biblical Research Institute, Release-9, 2015); Paul Petersen, God in 3 Persons — in the New Testament (Biblical Research Institute, Release-11, 2015); Kwabena Donkor, God in 3 Persons — in Theology (Biblical Research Institute, Release-9, 2015); Gerhard Pfandl, “The Trinity in Scripture”, JATS 14/2 (2003): 80-94; Denis Fortin, “God, the Trinity, and Adventism: An Introduction to the Issues”, JATS 17/1 (2006): 4-10; Stephen Bauer, “What is his Name, and What is his Son’s Name? Proverbs 30:4 and the Trinity” (research paper, Adventist Theological Society, 2016); Oscar S. Mendoza, “La doctrina de la Trinidad”, Estrategias 14/1 (2016): 108-113.

[2]Sobre el Espíritu Santo, ver James Waita Mutua, “The Spirit of the Lord and Obedience to God’s Law: An Exegetical, Intertextual, and Theological Study of Ezekiel 36:27” (Doctoral Dissertation: Andrews University, 2014); Marcos De Benedicto, “The Role of the Holy Spirit in Enabling Believers for Ministry: an Adventist Perspective” (Doctoral Dissertation: Andrews University, 2004), 27-140; Elías Brasil de Souza, “The Nature of the Holy Spirit in the Old Testament”, en The Word: Searching, Living, Teaching, vol. 1, ed. Artur A. Stele (Berrien Spring, MI: Biblical Research Institute, 2015), 105-114; Larry L. Lichtenwalter, “The Person and Work of the Holy Spirit in the General Epistles and the Book of Hebrews”, JATS 23/2 (2012): 72-111; Jiří Moskala, “The Holy Spirit in the Hebrew Scriptures”, JATS 24/2 (2014): 18-58; Ron E. M. Clouzet, “The Personhood of the Holy Spirit and Why It Matters”, JATS 17/1 (2006): 11-32; Jo Ann Davidson, “Power or Person: Nature of the Holy Spirit” (research paper, Evangelical Theological Society, 2016); Roberto Pereyra, “The Holy Spirit in the Letters of Paul”, DavarLogos 13/2 (2014): 5-24, en adelante DL; Mario Veloso, “El Espíritu Santo en el libro de Hechos de los apóstoles”, DavL 13/2 (2014): 77-106; Oscar S. Mendoza, “’Dios es espíritu’: Un estudio de Juan 4:24”, Berit Olam 13/1 (2016): 42-64; Frank M. Hasel, “La obra del Espíritu Santo”, Ministerio adventista, julio-agosto, 2012, 29-31.

[3]Para un mayor estudio sobre la Persona del Espíritu Santo en el adventismo, ver Merlin D. Burt, “Ellen White and the Personhood of the Holy Spirit”, Ministry (April, 2012); Karen K. Abrahamson y John T. Baldwin, “Holy Spirit”, en The Ellen G. White Encyclopedia, eds. Denis Fortin and Jerry Moon (Hagerstown, MD: Review and Herald, 2013), 874-876; Joel Iparraguirre y Woodrow Whidden, “El consolador que Cristo prometió: El Espíritu Santo en los escritos de Elena de White”, Evangelio 8 (2015): 99-118; Joel Iparraguirre, “La doctrina del Espíritu Santo”, Revista adventista (febrero, 2014), 12-14; Jerry Moon, “The Quest for a Biblical Trinity: Ellen White’s “Heavenly Trio” Compared to the Traditional Doctrine”, JATS 17/1 (2006): 140-20; Ibíd., “Godhead”, The Ellen G. White Encyclopedia, 843-844; Ibíd., “The Adventist Trinity Debate, Part 1: Historical Overview”, Andrews University Seminary Studies 41 (2003): 113-129, en adelante AUSS; Ibíd., “The Adventist Trinity Debate, Part 2: The Role of Ellen G. White”, AUSS 41 (2003): 275-292; Merlin D. Burt, “History of Seventh-day Adventist Views on the Trinity”, JATS 17/1 (2006): 125-139; Gerhard Pfandl, “The Doctrine of the Trinity Among Seventh-day Adventists”, JATS 17/1 (2006): 160-179; Tim Poirier, “Ellen White’s Trinitarian Statement: What Did She Actually Write?”, Ellen White and Current Issues Symposium 2 (2006): 18-40; Denis Kaiser, “The Reception of Ellen G. White’s Trinitarian Statements by her Contemporaries, 1897–1915”, AUSS 50/1 (2012): 25-38; Marcos Blanco, “Desarrollo histórico de la doctrina del Espíritu Santo en la Iglesia Adventista”, Berit Olam 10/2 (2013): 28-43.

[4]Por ejemplo, Allen Stump, The Foundation of our Faith: Over 150 Years of Seventh-day Adventist Christology, 5th ed. (Welch, W.Va.: Smyrna Gospel Ministry, 2003); Lynnford Beachy, ed., What did the Pioneers Believe? Quotes from Early Seventh-day Adventist Pioneers (Welch, W.Va.: Smyrna Gospel Ministry, 1996). Algunos estudios que evalúan la perspectiva anti-trinitaria en el adventismo, son Denis Kaiser, “The Holy Spirit and the Hermeneutical Approach in Modern Adventist Anti-Trinitarian Literature” (research paper, Andrews University, 2008); Erwin Roy Gane, “The Arian or Anti-trinitarian Views Presented in Seventh-day Adventist Literature and the Ellen G. White Answer” (M.A. thesis, Andrews University, 1963).

[5]Para un mayor estudio, ver Richard Davidson, “The Nature and Work of the Holy Spirit in the Pentateuch” (research paper, Adventist Theological Society/Evangelical Theological Society Annual Meeting, November 16, 2016), 1-14.

[6]O representante de Cristo.

[7]El término griego para “consolar”, no necesariamente significa dar apoyo emocional en momento de crisis. El término “parákletos”, al parecer y como sugiere Wilson Paroschi, significaría “maestro” o “instructor”. Para un mayor análisis, ver su artículo “Otro paracleto”, Ministerio adventista, julio-agosto, 2012, 26-28; y la versión ampliada “Another Paraclete: The Holy Spirit in John’s Gospel” (research paper, Adventist Theological Society, 2016).

2 Comments

  1. Gracias Pastor, tenia muchas dudas sobre la obra del Espiritu Santo, y usted lo ah explicado de manera muy didactica. Gracias otra vez que Dios lo siga guiando.

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