La Teología de la Última Generación y sus fundamentos (Parte III)

3. La vindicación completada en la cruz

Desde la perspectiva bíblica, por vindicación entendemos la demostración pública y cósmica del carácter justo y amoroso de Dios. En ella se evidencia una vindicación cósmica lograda exclusiva y completamente por Jesucristo, así como los resultados del poder del evangelio.

3.1. Vindicación cósmica

A causa de las acusaciones cósmicas de Satanás contra Dios y del pecado del ser humano, Dios necesitó ser vindicado. Para que aquella vindicación fuera una realidad, se necesitaba: a) alguien que revelara el carácter de Dios, b) alguien que guardara perfectamente la Ley y c) alguien que experimentara la muerte eterna para pagar la deuda del ser humano. De acuerdo con las Escrituras, el único que pudo lograr tal vindicación cósmica fue el Señor Jesucristo, por medio de su vida en nuestro planeta y de su muerte en la cruz.

Primero, Cristo vino a la tierra para revelar el carácter del Padre, que es amor. Sin lugar a dudas, la mayor manifestación de ese amor se reveló en la cruz, además del trato y los milagros realizados por Jesús durante su ministerio. Esto se evidencia muy bien en los siguientes textos bíblicos:

“Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” (Juan 14:9).

“Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese” (Juan 17:4).

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1:18).

Segundo, Jesucristo fue el único que, como representante de la humanidad, guardó los diez mandamientos perfectamente, demostrando que la Ley sí se puede cumplir y que lo denunciado por Satanás era falso. Cristo venció a Satanás y sus tentaciones. Esta obediencia permite que su justicia sea imputada a la persona que se acerca a Él con fe. Al mismo tiempo, nos permite tenerlo como único modelo a seguir en la experiencia de la santificación. Esto se evidencia en los siguientes textos:

“Él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca” (1 Ped. 2:22).

“Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (Juan 15:10).

“Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada” (Juan 8:29).

“El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8).

“Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” (Rom. 5:19).

“La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Rom. 3:22-24).

“Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que se basa en la Ley, sino la que se adquiere por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios y se basa en la fe” (Fil. 3:9).

Tercero, Jesucristo fue quien experimentó la muerte eterna en nuestro lugar. ¿Por qué? Porque alguien tenía que pagar la deuda del pecado del ser humano. Al morir en la cruz, Cristo venció a Satanás y, con su resurrección, venció la muerte eterna. Asimismo, debían experimentarse las consecuencias de la transgresión humana de la Ley; la justicia de Dios tenía que ser vindicada. El Señor había dicho: “porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gén. 2:17), y alguien tenía que morir para que la justicia de Dios sea vindicada. Quien experimentó aquella muerte fue el Señor Jesucristo. ¿Cuál es la base bíblica?

“A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Rom. 3:25-26).

“Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Col. 2:14-15).

“Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (Apoc. 12:10-11).

“Y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (Juan 16:11).

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Heb. 2:14-15).

“Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Cor. 5:19-21).

Pues bien, el único que pudo lograr la vindicación cósmica fue el Señor Jesucristo, y nadie más. Esta vindicación fue completada y revela, además, la victoria plena y definitiva de Cristo sobre Satanás. Al ser una obra divina, la vindicación cósmica no recae sobre el ser humano, sino que pertenece exclusivamente a Dios y a su gobierno en el contexto del gran conflicto.

¿Cuál es el problema con los adherentes de la TUG? Ellos sostienen que dicha vindicación cósmica será completada recién por los 144.000 sellados, por medio de una vida moralmente impecable. En ese sentido, para la TUG, la vindicación cósmica no depende exclusivamente de Dios o de Jesucristo, sino también del ser humano. Esto constituye un grave error teológico. No puede ponerse la vindicación cósmica sobre los hombros de personas que necesitan un Salvador.

3.2. El poder del evangelio

La Biblia registra varios textos que revelan que nosotros evidenciamos los resultados del poder del evangelio mediante nuestra obediencia a la ley de Dios en medio de este mundo de pecado. Dicha evidencia siempre fue un pedido divino para todos sus hijos a lo largo de la historia, y no se limita ni se restringe a los 144.000 sellados. ¿Cómo? mediante la obediencia a la ley y el cumplimiento de la misión,[1] como se sustenta en los siguientes textos:

“Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella. Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta. Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?” (Deut. 4:5-8).

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mat. 5:16).

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable… manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras” (1 Ped. 2:9, 12).

Si los adherentes de la TUG tienen razón, nos preguntamos:

  • Si el ser humano, pecador por naturaleza, puede vindicar a Dios cósmicamente, ¿para qué, entonces, se requería la muerte de Cristo?
  • Si la justicia de Cristo y su muerte en la cruz fueran insuficientes para la vindicación divina, ¿por qué sí serían suficientes las buenas obras de los fieles, que son “como trapos de inmundicia” (Isa. 64:4)?
  • ¿Por qué esperar la aparente vindicación cósmica de los 144.000 si, al final, Dios pide hoy que sus hijos experimenten la santidad?
  • Si los 144.000 tendrán la misma naturaleza pecaminosa que nosotros, ¿cómo es que ellos sí podrán vindicar a Dios cósmicamente y nosotros no?
  • ¿Existe algún texto bíblico que sustente una vindicación exclusiva y distinta por parte de los 144.000?

¿Qué dijo White sobre la vindicación cósmica? Léase:

“El acto de Cristo, de morir por la salvación del hombre, no solo haría accesible el cielo para los hombres, sino que ante todo el universo justificaría a Dios y a su Hijo en su trato con la rebelión de Satanás. Demostraría la perpetuidad de la Ley de Dios, y revelaría la naturaleza y las consecuencias del pecado»”.[2]

“Desde que pecaron nuestros primeros padres, no existe comunicación directa entre Dios y el hombre. El Padre puso el mundo en manos de Cristo para que por su obra mediadora redimiera al hombre y vindicara la autoridad y santidad de la ley divina. Toda comunicación entre el cielo y la raza caída se ha hecho por medio de Cristo”.[3]

“El probó a los habitantes de los mundos no caídos y a los seres humanos que puede guardarse la ley. Mientras poseía la naturaleza del hombre, él obedeció a la ley de Dios, vindicando la justicia de Dios que exigía su obediencia. En el juicio su vida será un argumento incontestable en favor de la ley de Dios…”.[4]

“El hecho de que el unigénito Hijo de Dios dio su vida a causa de la transgresión del hombre para satisfacer la justicia y vindicar el honor de la ley de Dios, debiera mantenerse constantemente ante la mente de niños y jóvenes”.[5]

“Conocer a Dios es amarle; su carácter debe ser manifestado en contraste con el carácter de Satanás. En todo el universo había un solo Ser que podía realizar esta obra. Únicamente Aquel que conocía la altura y la profundidad del amor de Dios podía darlo a conocer. Sobre la oscura noche del mundo debía nacer el Sol de Justicia”.[6]

Como es evidente, White sostenía que el único que satisfizo la justicia y vindicó la ley de Dios fue Jesucristo. Además, fue Él quien podía vindicar el carácter del Padre. Como Cristo fue el único, aun en el juicio “su vida será un argumento incontestable en favor de la ley de Dios…”. ¿Están sosteniendo los adherentes de la TUG que, para los 144.000 sellados, la vida de ellos será el “argumento incontestable” y no la justicia de Cristo?

Sobre los resultados del poder del evangelio por medio del cumplimiento de la misión, White declaró:

“Nuestra fe es santa; nuestra obra consiste en vindicar el honor de la ley de Dios”.[7]

“Pablo vindicó la ley de los Diez Mandamientos, y la sostuvo ante el pueblo como una regla de vida. Él demostró que todos los hombres están bajo la más solemne obligación de obedecer esa Ley, la cual Cristo vino a hacer honorable”.[8]

¿Qué enseña nuestra iglesia sobre la vindicación cósmica?

“Así pues, Cristo no solo vino con el fin de redimir al hombre sino también para vindicar la autoridad y la santidad de la ley de Dios, presentando ante el pueblo su magnificencia y gloria; y dándonos ejemplo de cómo relacionarnos con ella”.[9]

“Cristo no vino a la Tierra sólo por este motivo; no vino meramente para que los habitantes de este pequeño mundo pudiesen acatar la ley de Dios como debe ser acatada; sino que vino para vindicar el carácter de Dios ante el universo”.[10]

“El acto de Cristo de morir por la salvación del hombre no sólo haría accesible el cielo para los hombres, sino que ante todo el universo justificaría a Dios y a su Hijo en su trato con la rebelión de Satanás. Establecería la perpetuidad de la ley de Dios, y revelaría la naturaleza y los resultados del pecado”.[11]

“La ley promulgada desde el Sinaí es una transcripción del carácter de Dios… Nuestra justicia está en la obediencia a la ley de Dios por los méritos de Jesucristo”.[12]

4. Perfección cristiana

Desde la perspectiva bíblica, la perfección —del griego téleios— significa madurez, no impecabilidad; y cuando se habla de perfección “cristiana”, nos referimos a la experiencia de aquella perfección en la vida del creyente. Por una parte, en la Biblia hay textos en los que la palabra “perfección” se presenta en el sentido de madurez, lo cual implica un proceso o una experiencia; en otros textos denota “estar completos”, por ejemplo:

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto (teteleíomai); sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos [téleioi], esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa” (Fil. 3:12-16).

“Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez [téleios]; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen” (1 Cor. 2:6).

“Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos [téleioi] y completos en todo lo que Dios quiere” (Col. 4:12).

Por otra parte, hay textos en los que “perfección” implica que la persona ha alcanzado la madurez como propósito, por ejemplo:

“Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección (teleióteta); no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios” (Heb. 6:1).

“Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto (téleios), a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efe. 4:13).

“Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez (téleios), para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal” (Heb. 5:14).

Por lo tanto, debe entenderse la perfección cristiana como una madurez dinámica que conduce al creyente hacia un propósito: la reproducción de la imagen divina en su vida. Las palabras clave son “madurez” y “dinamismo”. Whidden tiene razón al decir que “la definición de Pablo es que, si un creyente está creciendo en gracia, avanzando en unión con Cristo, él o ella puede ser declarado perfecto”.[13]

Asimismo, como lo sustentó Hans LaRondelle, la perfección cristiana se evidencia en el amor.[14] Esto se sustenta muy bien en Mateo 5:48 y Lucas 6:36, donde, considerando el paralelismo y el contexto literario e inmediato de cada texto, se estaría abordando el mismo asunto y transmitiendo el mismo mensaje: el cristiano es llamado a tener una misericordia perfecta por su prójimo. Esto se evidencia claramente en 1 Juan 4:12: “Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado [teteleiōménē] en nosotros”; aquí, en 1 Juan 4:12, “perfecto” tiene sentido de madurez.

Después de leer estos textos, es bueno plantearse las siguientes preguntas:

  • ¿Hay sustento bíblico para sostener que, días o semanas antes de que Cristo nos transforme en su segunda venida, vamos a ser por naturaleza moralmente impecables?
  • Si la impecabilidad moral fuera lograda por los 144.000, ¿por qué habría necesidad de que ellos sean transformados en la segunda venida de Cristo? ¿Cómo entenderíamos 1 Corintios 15:51, donde se dice que no solo los resucitados serán transformados, sino también los que permanezcan con vida hasta la segunda venida, a saber, los 144.000?
  • ¿Hay sustento bíblico para una perfección exclusiva en los 144.000, diferente a la que han experimentado los fieles a lo largo de la historia?
  • ¿La perfección de los 144.000 será experimentada desde que sean sellados o ya la venían experimentando, por ejemplo, desde la lluvia tardía?

Por su parte, White sostuvo lo que registran las Escrituras; para ella, perfección significa madurez, y el cristiano es llamado a crecer en la gracia hasta llegar a la estatura de Cristo. En la siguiente declaración, el creyente no puede decir que es impecable, sino hasta que sea transformado en la segunda venida; y, si hoy puede estar delante de Dios, es gracias a que ha sido vestido con la justicia y la perfección de Cristo. Léase:

“No podemos decir: ‘estoy sin pecado’, hasta que este cuerpo vil sea cambiado y modelado como Su cuerpo glorioso. Pero si constantemente buscamos seguir a Jesús, tenemos la bendita esperanza de estar delante del trono de Dios sin mancha, ni arruga, ni nada parecido; completos en Cristo, vestidos de su justicia y perfección”.[15]

En la siguiente declaración, White asocia la perfección con la santificación, la obediencia, el servicio y el amor. Coloca la perfección como un proceso, ya que se avanza hacia ella. Léase:

“La verdadera santificación significa amor perfecto, obediencia perfecta y conformidad perfecta a la voluntad de Dios. Somos santificados por Dios mediante la obediencia a la verdad. Nuestra conciencia debe ser purificada de las obras de muerte sirviendo al Dios viviente. Todavía no somos perfectos; pero es nuestro privilegio separarnos de los lazos del yo y del pecado y avanzar hacia la perfección. Grandes posibilidades, altos y santos fines están al alcance de todos”.[16]

¿Cómo entiende la IASD la perfección cristiana? Su comprensión se basa en las Escrituras y coincide con lo presentado por White. El libro Creencias de los adventistas indica lo siguiente:

“A la vista de Dios, un individuo perfecto es aquel cuyo corazón y vida se han rendido completamente a la adoración y al servicio de Dios, creciendo constantemente en el conocimiento de lo divino, y que, por la gracia de Dios, vive en armonía con toda la luz que ha recibido, regocijándose al mismo tiempo en una vida de victoria… ¿Qué papel nos toca desempeñar a nosotros en calidad de creyentes? Por medio de Cristo que mora en nosotros, crecemos hacia la madurez espiritual”.[17]

Para los adventistas, la persona perfecta crece constantemente y experimenta una vida de victoria “hacia la madurez espiritual”. Para ellos, “perfección” significa “madurez”.

Conclusión

La TUG propone una salvación por obras, evidenciando no solo una comprensión errónea de la perfección cristiana, sino también de la justificación por la fe.

Esta teología desafía la cristología bíblica, así como la que entendió Elena de White y la que entiende oficialmente el adventismo. Adherirse a ella implica aceptar una imagen o comprensión equivocada de la persona de Jesucristo y del plan de salvación.

Si bien es cierto que la TUG desafía la salvación desde la perspectiva bíblica, también evidencia un problema hermenéutico: quienes se adhieren a ella muestran una mala comprensión de las Escrituras. Existen muchos textos bíblicos claros y explícitos que revelan una perspectiva contraria a lo propuesto por la TUG.

Quienes promueven la TUG no solo están malinterpretando la Biblia, sino que también están provocando una división en el adventismo, ya que los fundamentos de la TUG son totalmente opuestos a lo que sostiene oficialmente nuestra iglesia. Por ello, nada mejor que optar por respetar y considerar lo que nuestra iglesia sostiene oficialmente, antes que lo enseñado por ciertos predicadores que solo presentan interpretaciones personales. Al respecto, las palabras del apóstol Pedro son pertinentes: “Pero ante todo entended que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Ped. 1:20-21).

Corrección e imagen de portada: ChatGPT.


Referencias:

[1]Ver Ángel M. Rodríguez, : “M. L. Andreasen, Elena G. de White y la teología de la última generación”, en El don de profecía y el ministerio de Elena G. de White, ed. Denis Kaiser, S. Yeury Ferreira y Joel Iparraguirre (Manhasset, NY: Greater New York Conference of Seventh-day Adventists – Ministerios Hispanos, 2021), 155-181.

[2]Patriarcas y profetas (Washington, DC: Ellen G. White Estate, Inc., 2012), 50.

[3]Ibid., 329.

[4]En los lugares celestiales (Washington, DC: Ellen G. White Estate, Inc., 2012), 36.

[5]La educación cristiana (Washington, DC: Ellen G. White Estate, Inc., 2012), 57.

[6]El deseado de todas las gentes (Washington, DC: Ellen G. White Estate, Inc., 2012), 12.

[7]Mensajes selectos, vol. 2 (Washington, DC: Ellen G. White Estate, Inc., 2012), 34.

[8]Sketches from the Life of Paul (Washington, DC: Review and Herald, 1974), 161.

[9]Creencias de los adventistas, 276.

[10]Tratado de teología adventista, 1126.

[11]Ibid., 1126-1127.

[12]Ibid., 554.

[13]The Judgment and Assurance: The Dynamics of Personal Salvation (Hagerstown, MD: Review and Herald, 2012), 91.

[14]LaRondelle, 118, 128.

[15]“Abide in Me”, The Signs of the Times, 23 de marzo de 1888, 178.

[16]Hechos de los apóstoles (Washington, DC: Ellen G. White Estate, Inc., 2012), 466.

[17]Creencias de los adventistas, 141-142.

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